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Fundada hace un siglo y medio, la Fe Bahá'í es hoy en día una de las religiones mundiales de mayor crecimiento. Con sus más de seis millones de seguidores repartidos por no menos de 236 países y territorios dependientes, se ha convertido en la segunda religión por extensión geográfica, superando a todas las demás religiones excepto al Cristianismo. Los Bahá'ís residen en más de 127,000 localidades distribuidas por todo el mundo. Tal expansión constituye un fiel reflejo de su entrega al ideal de una ciudadanía mundial.
Los jardines del Mausoleo de Bahá'u'lláh -
Bahjí, Israel.
EI carácter global de la Fe Bahá'í queda reflejado en la composición de sus miembros. Los Bahá'ís constituyen un microcosmos en el que están representadas la práctica totalidad de las naciones, grupos étnicos, culturas, profesiones y clases sociales. Cerca de 2,100 grupos étnicos y tribales forman sus filas.
El hecho de que este vasto conjunto forme una comunidad libre de cismas y facciones hace que la Fe Bahá'í constituya posiblemente la entidad organizada más diversa y extendida de la Tierra.
El Fundador de la Fe Bahá'í fue Bahá'u'lláh, un noble persa de Teherán, quien a mediados del siglo XIX cambió una vida principesca por otra de persecución y privaciones.
Bahá'u'lláh proclamó ser nada menos que un nuevo Mensajero de Dios. Su biografía, obra e influjo presentan un marcado paralelo con la vida de Abraham, Krishna, Moisés, Zoroastro, Buda, Cristo y Muhammad. Los Bahá'ís ven en Bahá'u'lláh a la Manifestación de Dios más reciente en la línea sucesiva de Mensajeros Divinos.
La unidad es el mensaje fundamental proclamado por Bahá'u'lláh, al enseñar que hay un solo Dios y una sola raza humana, y que las religiones diversas del mundo han constituido etapas en la revelación de la voluntad divina. "En este dia -afirma Bahá'u'lláh- la humanidad ha llegado a su madurez colectiva. Tal y como lo prometían las escrituras de todas las religiones, ha llegado la hora en que los pueblos del mundo habrán de integrarse pacíficamente en una sociedad global.
"La Tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos".
La Fe fundada por Bahá'u'lláh, la más reciente de las religiones independientes, destaca sobre sus hermanas en varios sentidos. Por ejemplo, por poseer un sistema administrativo universal por el que cada año se eligen órganos Bahá'ís de gobierno en más de 18,000 localidades.
También adopta un sistema peculiar (incluso radical a veces) para la solución de los problemas sociales contemporáneos. Las Escrituras Bahá'ís y las actividades de todo género emprendidas por sus seguidores abarcan prácticamente todos los dominios de la vida actual, desde las nuevas formas de concebir la diversidad cultural y la conservación del medio ambiente, a la descentralización de la toma de decisiones, pasando por un compromiso renovado hacia la ética y la vida familiar, sin omitir la llamada a un "Nuevo Orden Mundial".
Un puente sobre el Monte Carmelo -
Haifa, Israel. ![]()
Pero el logro más destacado de esta Fe no es otro que el de su unidad. A diferencia de otras religiones -por no decir nada de los movimientos políticos y sociales- la Fe Bahá'í ha logrado resistir ese impulso perenne que empuja hacia la división sectaria. A pesar de haber padecido una historia tan turbulenta como la de las religiones del pasado, su unidad no ha podido ser quebrada.
Durante estos últimos cien años el proceso de unificación mundial por el que Bahá'u'lláh abogó, ha dado grandes pasos. Los nuevos procesos históricos han hecho que las barreras tradicionales de raza, clase, nación y credo se hayan venido abajo gradualmente. En su debido momento las fuerzas en concurso -así lo predijo Bahá'u'lláh- habrán de alumbrar una civilización universal. De ahí que la principal empresa que aguarda a los pueblos de la Tierra sea la aceptación de su común humanidad y la creación de un mundo nuevo.
Para que florezca una sociedad universal -asegura Bahá'u'lláh- es preciso fundarla sobre ciertos principios fundamentales, a saber: la eliminación de toda clase de prejuicios; la igualdad completa de los géneros; el reconocimiento de la unidad esencial de las grandes religiones; la eliminación de la pobreza y riqueza extremas; la educación universal; la armonía de la ciencia y la religión; el equilibrio sostenible entre naturaleza y tecnología; y el establecimiento de un sistema federativo mundial basado en la seguridad colectiva y la unidad de la humanidad.
Los Bahá'ís de todo el mundo expresan su compromiso con estos principios sobre todo a través de su transformación personal y comunitaria. Dicho compromiso tiene en parte su reflejo en los variados proyectos de desarrollo económico y social que a pequeña escala, y con apoyo de gentes sencillas, vienen realizando las comunidades Bahá'ís desde hace algunos años.
Bahá'u'lláh y el nuevo milenio
A medida que se acerca el nuevo milenio, tanto más imperativa se vuelve la necesidad de encontrar una visión unificadora del hombre y la sociedad. Tal es la visión que despliegan los escritos de Bahá'u'lláh (1817-1892).
Vista aérea del Templo de Loto - Nueva Delhi,
India.
La fuerza motriz que alienta el proceso civilizador -afirma Bahá'u'lláh- radica en las sucesivas intervenciones de Dios en la historia. Gracias a este influjo, las innatas facultades morales y espirituales del hombre han podido crecer gradualmente haciendo posible el progreso de la civilización. Se trata de un fenómeno recurrente que aparece relacionado con las misiones de figuras trascendentales como Krishna, Moisés, Buda, Jesús y Muhammad. El proceso no tiene principio ni fin, puesto que descansa sobre la propia base del sistema de evolución
Paradójicamente, la humanidad nunca ha llegado a comprender este proceso del que ella misma depende. Al contrario, cada etapa de la historia espiritual de la humanidad ha tendido a convertirse en un sistema religioso cerrado en donde el impulso religioso se ha visto atrapado por contradicciones y conflictos enconados.
Bahá'u'lláh compara la maduración del conjunto de la humanidad con las etapas de infancia, adolescencia y juventud por las que atraviesa toda persona. Hoy día, la humanidad ha llegado a su etapa de madurez colectiva y puede, por tanto, observar el conjunto de su evolución como parte de un solo proceso. Esa madurez nos insta a aceptar que somos un solo pueblo; nos apremia a liberarnos de los credos e identidades limitadoras del pasado; y nos compele a levantar juntos los cimientos de una civilización universal.
El poder que está haciendo posible este despertar mundial procede de la Revelación Universal de Dios que ha sido prometida en todas las Escrituras del pasado. Su portavoz es Bahá'u'lláh, cuyas enseñanzas proporcionan el cañamazo de la organización social del planeta. Su vida e influjo creciente constituyen la gran historia no contada de nuestros tiempos.