Bahá'ís de Puerto Rico

"Aquel que es tu Señor, el Todomisericordioso, abriga en su corazón la esperanza de ver a la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo".

Bahá'u'lláh

'Abdu'l-Bahá

El Maestro

Retrospectivamente, se hace claro que Bahá'u'lláh había preparado cuidadosamente a 'Abdu'I-Bahá para la sucesión. 'Abdu'l-Bahá nació el 23 de mayo de 1844, la misma noche en que el Báb hacía Su declaración. De niño sufrió la suerte de Su Padre durante las primeras persecuciones dirigidas contra los babíes.

Tenía ocho años de edad cuando Bahá'u'lláh fue arrojado a un calabozo. Al visitarlo vio una argolla de hierro y cadenas prendidas al cuello de Su Padre.

Con la edad 'Abdu'I-Bahá llegó a ser el compañero más cercano de Su Padre, por cuyo encargo hubo de realizar importantes cometidos. Entre ellos el de entrevistar previamente a quienes acudían a ver a Su Padre, una medida destinada a protegerle de imposiciones frívolas o malintencionadas.

'Abdu'l-Bahá

En Akká, cuando todo el grupo de Bahá'ís prisioneros había caído enfermo de fiebres tifoideas, malaria y disentería, fue 'Abdu'I-Bahá quien se desvivió por limpiar, cuidar y alimentar a los pacientes. Hasta que, finalmente, también Él cayó abatido por el mal. Durante un mes permaneció en estado crítico.

Estos rasgos de desprendimiento, erudición y gran humildad, junto con la obvia admiración del propio Bahá'u'lláh, Le valieron a 'Abdu'l-Bahá el titulo de «Maestro», un término todavía usado por los Bahá'ís para referirse a 'Abdu'l-Bahá.

A la muerte de Bahá'u'lláh, y a pesar de los términos expresos de Su Testamento, algunos familiares, vencidos por la envidia, intentaron usurpar el puesto de 'Abdu'I-Bahá. Repetidas veces la ambición les movió a tratar de crearse sus propios seguidores.

Es significativo, teniendo en cuenta la rapidez con que otras religiones sufrieron cismas, que ninguno de los grupos disidentes haya conseguido mantenerse y crear una división permanente en la Fe Bahá'í. De hecho, cada grupo se desintegró a la muerte de sus respectivos dirigentes, por lo que no ha habido sectas o denominaciones que hayan logrado mantenerse. Los Bahá'ís atribuyen esta unidad al poder de la «Alianza».

La casa de 'Abdú'l-Bahá - Acre, Israel.

'Abdu'l-Bahá también desempeñó un papel fundamental como exponente de la visión mundial de Su Padre en términos que una mente occidental pudiera comprender, un logro que aceleró enormemente la transformación de la Fe Bahá'í, que pasó de estar formada por un pequeño movimiento de gentes de Oriente Medio, a ser la religión mundial que es hoy día.

Tras la muerte de Su Padre, 'Abdu'I-Bahá siguió siendo prisionero del Imperio Otomano. Gracias a las cartas y al contacto directo con los creyentes occidentales que viajaban a Palestina, pudo dirigir la expansión de la Fe más allá de Oriente Medio.

La revolución de los Jóvenes Turcos hizo posible que 'Abdu'I-Bahá quedara en libertad para viajar. En agosto de 1911, dejaba la Tierra Santa a fin de realizar un viaje de cuatro meses con estancias en Londres y París, ciudades en donde se reunió con los primeros creyentes occidentales y donde impartió conferencias diarias sobre la Fe Bahá'í y sus principios.

'Abdu'l-Bahá en la Torre Eiffel - París, Francia.

En la primavera siguiente, 'Abdu'l-Bahá se embarcó en una gira de un año que Le llevaría por toda Europa, Estados Unidos y Canadá. La visita sirvió de gran estímulo para el avance de la Fe Bahá'í en aquellas tierras.

En las más de 40 ciudades norteamericanas que visitó fue recibido con aclamaciones y muestras de respeto tanto por parte de creyentes como de no creyentes. En una ciudad tras otra fue invitado a dirigirse al público en iglesias y sinagogas, así como ante organizaciones y agrupaciones distinguidas.

El efecto resultante fue que la Fe Bahá'í quedó establecida como una gran fuerza de reforma social y renovación religiosa. El mensaje de Bahá'u'lláh -con su llamamiento a una sociedad humana nueva y pacífica- había sido proclamado en el mundo industrializado, y una nueva generación de creyentes firmes había engrosado sus filas.

'Abdu'I-Bahá estableció un plan de largo alcance para la internacionalización de la Fe. En una serie de cartas dirigidas a los creyentes de Norteamérica, éstos recibieron la encomienda de esparcirse por todo el mundo y promulgar la Fe Bahá'í y sus principios.

'Abdu'I-Bahá había regresado a la Tierra Santa antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. En las alocuciones que había dado en Occidente ya había advertido sobre la inminencia de la conflagración, encareciendo a que se estableciese alguna forma de comunidad de naciones que pudiera poner freno a tal guerra.

'Abdu'l-Bahá fue nombrado Caballero por el Gobierno británico - Haifa, Israel.

Durante la guerra, 'Abdu'l-Bahá puso en acción los principios que Él y Su Padre habían predicado. Por ejemplo, Él mismo supervisó personalmente un proyecto agrícola junto al lago Tiberíades, gracias al cual pudo abastecerse de trigo la zona y alejar el peligro del hambre en la región. Tras la guerra, 'Abdu'I-Bahá fue nombrado Caballero por el Gobierno británico.

"Aquel que es tu Señor, el Todomisericordioso, abriga en su corazón la esperanza de ver a la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo".

Bahá'u'lláh


Texto tomado de Los Bahá'ís, publicación de la Comunidad Internacional Bahá'í.